Literatura y Mediana Edad
Luis Landero
Luis Landero nació en Alburquerque, Badajoz, el 25 de marzo de 1948, en el seno de una familia campesina extremeña, que emigró a Madrid a finales de la década de los cincuenta. A los quince años escribía poemas al mismo tiempo trabajaba como mecánico en un taller de coches y chico de recados en una tienda de ultramarinos. Inicio y terminó sus estudios de Filología Hispánica en la Universidad Complutense. Una vez licenciado dio clases de literatura en el Instituto Calderón de la Barca. En 1995 es contratado como profesor en la Universidad de Yale para impartir un curso de literatura española. Está casado y tiene dos hijos. Landero es uno de los grandes narradores de la literatura española contemporánea.
La aparición de su primera novela: Juegos de la edad tardía (1989) fue un acontecimiento en el mundo de las letras y recibió una extraordinaria acogida por parte de la crítica y del público. Galardonada con el premio de la Crítica y el Nacional de Literatura, esta novela convirtió a Landero en un nombre fundamental de la narrativa en español y le dio un prestigio que la escasez de su obra no ha mitigado. Expresión de una pericia narrativa y un universo literario verdaderamente deslumbrantes, esta obra nos presenta un mundo en el que la realización de los sueños necesita la impostura y en el que se desenvuelven unos personajes trazados con mano maestra. Aparte de Juegos de la edad tardía ha publicado las siguientes novelas: Caballeros de fortuna (1994), El mágico aprendiz (1999), El guitarrista (2002), Hoy, Júpiter (2007) y Retrato de un hombre inmaduro (2009), aparte de algunos volúmenes de ensayos y crónicas.
Breve antología de la literatura universal
Canta, oh diosa, no sólo la cólera de Aquiles sino cómo al principio creó Dios los cielos y la tierra y cómo luego, durante más de mil noches, alguien contó la historia abreviada del hombre, y así supimos que a mitad del andar de la vida, uno despertó una mañana convertido en un enorme insecto, otro probó una magdalena y recuperó de golpe el paraíso de la infancia, otro dudó ante la calavera, otro se proclamó melibeo, otro lloró las prendas mal halladas, otro quedó ciego tras las nupcias, otro soñó despierto y otro nació y murió en un lugar de cuyo nombre no me acuerdo. Y canta, oh diosa, con tu canto general, a la ballena blanca, a la noche oscura, al arpa en el rincón, a los cráneos privilegiados, al olmo seco, a la dulce Rita de los Andes, a las ilusiones perdidas, y al verde viento y a las sirenas y a mí mismo.
La Fundación Travesía agradece a Luis Landero que haya autorizado la publicación de este relato hiperbreve en nuestro website.