Primer Concurso Fundación Travesía 2009 para estudiantes de psicología

La crisis de mediana edad es una crisis existencial

por Nicolás Matías Campodónico

En este trabajo de elaboración de pensamiento, que es el fruto de la lectura sobre el tema, se tomará como eje disparador a la "mediana edad", un período bastante complejo de desarrollo humano que ocurre cerca de los 40 años, frecuentemente llamado la "crisis de la mitad de la vida", "la crisis de la madurez", entre otros nombres.

De acuerdo con psicólogos, este período se caracteriza por una crisis de identidad, en que la falta de sentido va influyendo de diferentes maneras la vida de muchas personas. Los objetivos profesionales, la importancia de la familia y de las relaciones, las creencias y valores religiosos, todo puede quedar temporalmente como inmerso en un vacío existencial.

Antes de comenzar con el tema de este trabajo considero pertinente hacer algunas aclaraciones sobre la perspectiva desde la que va a ser abordado el mismo. Digo perspectiva porque incluye una manera particular de abordar el TIEMPO, una manera particular de abordar la HISTORIA y también el aparato psíquico, conceptos centrales a la hora de hablar de la SUBJETIVIDAD.

Con respecto al tiempo, fue Sigmund Freud quien introdujo una "revolución temporal". Lo psíquico no permite ser abordado con la concepción moderna del tiempo, ese tiempo lineal e irreversible. El tiempo de los hechos psíquicos es otro: reversible y retroactivo, cabe resaltar que es un tiempo lógico y NO cronológico.

En relación a la historia ocurre lo mismo: la historia de un sujeto no la encontramos en el transcurrir del tiempo, en la linealidad del reloj. Pero esta historización sólo es posible porque el psiquismo, en tanto sistema abierto y complejo lo permite. Ante perturbaciones aleatorias, el sistema en lugar de quedar desorganizado, reacciona con un aumento de complejidad, se auto-organiza mediante la transformación del azar en organización, y por este motivo se puede decir que el psiquismo engendra nuevas formas y desarrolla potencialidades por incremento de su complejidad.

A pesar de que el desarrollo individual es algo que transcurre durante toda la vida, se puede situar el periodo de la mediana edad diciendo que hay un momento especial, único e irrepetible en la vida de cada persona en que toma conciencia de su finitud, y este momento suele rondar los 40 años, pudiendo ocurrir años antes, años después o ni siquiera ocurrir aunque varía individualmente por una multiplicidad de factores. Según la Lic Alicia Mirta Ciancio de Montero y el Dr Guillermo Julio Montero,

la mediana edad comienza cuando cada persona percibe las señales más incipientes y originarias de su propio envejecimiento, algo que derivará en muy diferentes reacciones de acuerdo con la personalidad y la historia de vida de cada uno. Actualmente, se habla de crisis de los 40 (o de la mediana edad) cuando nos referimos a la persona que se replantea su manera de vivir e intenta recomenzar con un nuevo sentido su vida. En general, cuando se nota es porque más que una crisis, la persona está viviendo lo que se denomina transición de la mediana edad, es decir, un reordenamiento de prioridades, una revalorización de lo vivido y de lo que queda por vivir, una actualización de los ideales de juventud.

La etapa puede presentarse como una crisis, como un punto aislado en la línea de la vida, acompañado por síntomas como ansiedad, depresión, dudas sobre sí mismo, duelos, caída y/o replanteamientos de ideales. Diferentes formas e imágenes de decadencia son la causa del problema. Este período de la vida se denomina crisis, porque, antitéticamente, crisis, significa peligro y posibilidad. Es peligroso porque puede operarse un estancamiento o una regresión a un modelo previo; y es una posibilidad porque esta etapa facilita un pasaje hacia la madurez que evolutivamente está comenzando a vivir. La crisis de los 40 es una iniciación, un verdadero ritual de pasaje, donde exorcizamos ilusiones, vanidades tóxicas, apegos, resquicios de inmadurez, morimos al pasado y nos emancipamos en el amplio sentido de la palabra. Esta crisis aumenta el montaje de las ansiedades de abandono del sujeto: el sujeto se siente abandonado por su destino, por la vida, por sus padres, por sus hijos, por el tiempo de vida, por sus propios proyectos, etc. Al ser esta sensación de abandono dominante y profunda se reedita la problemática típica de la separación-individuación. La teoría jungiana sostiene que la crisis de la mediana edad es clave para la individualización, un proceso de auto-actualización y auto-conciencia que contiene muchas paradojas potenciales. Aunque Carl Jung no describió la crisis de la mediana edad en si misma, la integración del pensamiento, sensaciones, sentimientos e intuición en la mediana edad que él describe podría, al parecer, llevar a un estado de confusión sobre la forma en la que se ha vivido la vida hasta entonces y las metas que ha tenido. Además de este aporte de Jung, Erik Erikson sostuvo que en la séptima etapa de la vida, que es la edad adulta media, la gente lucha por encontrar un nuevo significado y propósito para sus vidas. Tal cuestionamiento, consideró, podría llevar a lo que se conoce actualmente como crisis de la mediana edad.

Sin embargo, a veces se produce una crisis en la mediana edad sin que sea reconocida, debido a que los síntomas están encubiertos y las causas quedan sin examinar. Un aumento gradual en la cantidad de bebida por la noche, una discreta serie de aventuras amorosas, un insidioso patrón de alejamiento o una profunda sensación de imposibilidad e incertidumbre, estos hábitos corrosivos son algunos de los recursos comunes para encubrir la necesidad crítica de efectuar una modificación en la vida en este periodo.

La preocupación por el envejecimiento surge desde que el hombre se ha preguntado por su origen, sus posibilidades y sus límites. En ese proceso de envejecer y de reconocerse envejecido, se enfrenta a la realidad de procesar un tiempo (el tiempo del aquí y ahora, o unos años mas, es decir que el tiempo adquiere la dimensión de finito), un cuerpo (en donde se hacen visibles nuevos cambios físicos) y funciones diferentes hasta las de ese momento (ahora cambiadas, por ejemplo de actual productor a futuro jubilado en materia de trabajo, disminución de la función genital tanto en hombres como en mujeres aunque las manifestaciones varían, por supuesto).

Las características de la crisis de la mitad de la vida pueden sintetizarse en miedo a la muerte, miedo a las enfermedades y miedo a la vejez. Se pueden señalar dos grandes problemas en esta etapa de la vida: el miedo mortal a la debilidad y el aparente conflicto entre la realización personal y los amorosos lazos familiares o de otro tipo lazo también. Asimismo, la mitad de la vida incluye estados de profunda depresión y antitéticamente estados de euforia, fantasías de disminución de la potencia sexual en el hombre, y fantasías de anticipo de la menopausia en la mujer; sensaciones de miedo indiscriminado acompañadas por temores a la soledad; preocupación excesiva por el cuidado físico, arrugas, canas, caída del cabello, etc.; competencia y rivalidad con los hijos; temores hipocondríacos acerca del propio cuerpo; la sensación de necesitar comprobar los rendimientos del esfuerzo físico con otros; frecuentes crisis de la pareja, las que no encaminadas claramente, deciden muchas separaciones; la aparición de nuevos intereses y necesidades; la irrupción del deseo de realizar una nueva organización de todas las cosas; el afloramiento de deseos infantiles que habían permanecido reprimidos por mucho tiempo y que en este momento serían realizables tales como viajes, nuevas empresas, etc.; una revalorización de cada momento vivido.

Durante la crisis la persona siente que ya no tendrá el tiempo para realizar todo lo que pretende, a veces sentirá que el tiempo no le alcanzará para nada. Esto es así, porque uno de los aspectos del disparador de esta crisis es la sensación, también subjetiva, de que por primera vez en la vida hay cosas que ya no podrán comenzarse o realizarse; por ejemplo la decisión de no tener más hijos, o la vivencia interna de que hay cosas que son sólo para que inicien los jóvenes, etc. Esto podría definirse también como la sensación de vivir con límites en oposición a ese tiempo de la juventud que era vivenciado como ilimitado, sin barreras ni temporales ni espaciales.

Podría plantear esta crisis en este periodo evolutivo específico como una crisis existencial en la persona. ¿Pero por que crisis existencial? ¿En que sentido? Primero que nada quiero aclarar que no quiero decir que la crisis de la mediana edad sea la única crisis existencial o que sea la única manera de atravesarla ni que tampoco tenga una única salida, sino que generalmente y mayormente trasciende de esta manera y además que su resolución adquiriría muchas formas. Así, por ejemplo, un adolescente entra en crisis cuando no puede enfrentar sus cambios corporales, su "nuevo" cuerpo, con su cosmovisión previa. Crisis existencial porque es un periodo marcado por una pregunta, ideas sobre la existencia, sobre el ser, como por ejemplo ¿que haré de mi vida? ¿Qué quiero, ahora que ya hice lo que se suponía que tenía que hacer?, preguntas que no son impersonales sino que justamente que comprometen la propia vida del sujeto, y de esta manera implican un compromiso personal, ya que no es lo mismo preguntarse que sentido tiene "la" vida, a que sentido tiene "mi" vida. Como dice Frankl: no basta con preguntarse por el sentido de la vida sino que hay que responder a él respondiendo ante la vida misma. Pero esto, no hay que pensarlo como algo catastrófico. Una crisis existencial es tal vez el acontecimiento más importante que puede experimentar una persona, nada menos que porque, si es adecuadamente resuelta, le permite otorgar un sentido a su existencia a través de la formulación y la ejecución de un proyecto vital. A través de las palabras de Nietzsche se entiende esto: "el que tiene un por qué para vivir puede soportar casi cualquier cómo". En general, una crisis es una situación en la cual no se puede enfrentar un nuevo acontecimiento con los recursos antiguos y conocidos. Las crisis existenciales implican además un cambio parcial en la identidad ("me siento otro") y en la cosmovisión de la persona ("pienso de manera distinta"). Pero este cambio en la identidad de la persona, como ya he dicho anteriormente, no tiene que ser visto como catastrófico o inquietante, sino que al fin y en cuentas conduce a un replanteamiento y reposicionamiento de la identidad, del proyecto de vida, de los ideales que lleva esa persona y de la propia subjetividad del individuo, que puede tener diferentes salidas que no se pueden predecir por la propia singularidad de cada persona y de cada situación. Puedo hacer una similitud con el devenir de la ciencia. En ciencia los errores y las dudas son las que la hacen avanzar. Las crisis en el sentido en que vengo hablando también son formas de rearrancar, "de ponerse las pilas". Pero no hay que olvidar que la experiencia nos precede. No se puede empezar de cero porque cada cual es producto de su experiencia. En relación a esto Viktor Frankl afirma que "el hombre es hijo de su pasado pero no esclavo de su pasado y es padre de su porvenir". De esta manera, es importante destacar que la crisis existencial implica "buscar" una respuesta, no "pedirla", ya que la decisión en última instancia es del propio sujeto, el que incluso llega a experimentarla como una decisión propia. La respuesta no es un determinado sistema filosófico o religioso, sino un proyecto vital fundado en dicho sistema. Esto es así porque la pregunta no es meramente intelectual, sino vital: no apunta tanto a edificar una cosmovisión, sino, más bien a una trayectoria de vida. Ante la pregunta cuál es el sentido de la vida, hay que tener en cuenta que el sentido de la vida difiere de un hombre al otro, de un día al otro y de una hora a la otra. Por lo tanto lo que importa no es el sentido de la vida en formulación abstracta, sino el sentido concreto de la vida de un individuo en un momento determinado. Únicamente desde la responsabilidad personal se puede responder a la vida. De tal modo que la logoterapia considera que la esencia de la existencia consiste en la capacidad del ser humano para responder responsablemente a las demandas que la vida le plantea en cada situación particular. Este énfasis en la fuerza de la responsabilidad humana se refleja en el imperativo categórico de la logoterapia: Obra así, como si vivieras por segunda vez y la primera vez lo hubieras hecho tan desacertadamente como estas a punto de hacerlo ahora. Esta máxima invita a pensar que el presente ya es pasado, y en segundo lugar que ese pasado es factible de modificarse y enmendarse: este proceso enfrenta al hombre con la finitud de la vida y con su finalidad personal y existencial.

Me parece importante rescatar en este momento un poema de Nicanor Parra, que sirve para entender implícitamente el planteo de este periodo, es decir la pregunta del sujeto por su vida, por su presente, por su pasado, por su futuro:

Ultimo brindis

Lo queramos o no
Sólo tenemos tres alternativas:
El ayer, el presente y el mañana.

Y ni siquiera tres
Porque como dice el filósofo
El ayer es ayer
Nos pertenece sólo en el recuerdo:
A la rosa que ya se deshojó
No se le puede sacar otro pétalo.

Las cartas por jugar
Son solamente dos:
El presente y el día de mañana.

Y ni siquiera dos
Porque es un hecho bien establecido
Que el presente no existe
Sino en la medida en que se hace pasado
Y ya pasó...,
como la juventud.

En resumidas cuentas
Sólo nos va quedando el mañana:
Yo levanto mi copa
Por ese día que no llega nunca
Pero que es lo único
De lo que realmente disponemos.

Se podría aseverar que en este periodo se produce una aceptación del paso del tiempo. Si bien en un primer momento se vive como una herida al amor propio, al propio narcisismo del sujeto, poco a poco la idea de inmortalidad, deseable en la adolescencia porque actúa como el motor indispensable para salir al mundo, dejará paso a la aceptación de la madurez. La mediana edad es el tiempo en que se evalúa si logramos o no nuestras ilusiones y proyectos de juventud. Este cotejo, que es uno de los reguladores de la autoestima, sirve en algunos casos para reafirmarse en el camino y en otros, para activar un replanteo de vida, como por ejemplo nuevos intereses y desarrollos personales. Tomar conciencia de que ya no existe todo el tiempo por delante es el mejor motor para una vida saludable. Hay que vérselas con el espejo ,que nos devuelve una imagen diferente de la esperada. Aprender a adecuar la sensación de potencia física e intelectual con las variaciones que registra el aspecto físico, valorizar nuestra nueva imagen como de alguien maduro y renunciar a la imagen idealizada de nuestra juventud.

Esto efectivamente se denota en la obra de Viktor Emil Frankl, quien a muy temprana edad toma conciencia de la temporalidad de la vida y empieza a cuestionarse sobre su sentido: "¿Para qué vivimos si un día tendremos que morir?". Cuando el ser humano se enfrenta a los supuestos básicos de la existencia: la libertad, el aislamiento, la carencia de sentido vital y la muerte, entra en conflicto y angustia existencial. Sin embargo, no enfrentarse a ellos significa vivir dormido. Este vacío existencial consiste en la pérdida del sentimiento de que la vida es significativa, alude a la carencia total y absoluta de un sentido de la vida; lo cual es un fenómeno muy frecuente entre los pacientes de hoy en día como señala el autor, que se ven acosados por una íntima vaciedad, por el desierto o páramo que albergan en su intimidad. En pocas palabras, este vacío refiere a la frustración de la voluntad de sentido. Frankl encuentra que la muerte puede enriquecer el sentido de la vida y afirma que el sentido de la existencia humana, se basa en su carácter irreversible, pues, si el hombre fuese inmortal, podría demorar cada uno de sus actos hasta el infinito. No es la duración de una vida humana en el tiempo lo que determina la plenitud de su sentido. Lo que carece de sentido de por sí, no lo adquiere por el hecho de que se eternice. Al tomar conciencia de que su tiempo puede terminar es más posible que reaccione para aprovechar su tiempo y hacer más plena su vida. La transitoriedad de la vida sería por ello un incentivo para emprender una acción responsable. Freud dijo con respecto a esto, que el valor del cuerpo esta dado por su condición de transitorio. El valor de la transitoriedad es el valor de la escasez en el tiempo.

A modo de conclusión y para no sobrepasar los limites de este trabajo, cabe resaltar el optimismo de Viktor Frank para tomar al autor en que se tomaron las líneas directrices de este trabajo, y esto se lo puede ver en la siguiente frase:

Sólo hay una cosa que hace al hombre capaz de soportar lo peor y realizar lo imposible, y esto es precisamente el tener un deseo de sentido y el convencimiento de que el hombre es responsable de encontrar ese sentido a su vida.

Esta crisis representa un momento de balance, de metamorfosis, donde viejos intereses caen para permitir una reformulación del proyecto de vida. Así el sujeto irá re-creando su propia subjetividad, sosteniendo el deseo y enfrentándose al desafío de reubicarse en los roles, establecidos en relación a los otros encontrando su modo particular de envejecer y reformulando su proyecto de vida.

Bibliografía:

  1. Campbell Joseph: El héroe de las mil caras - Psicoanálisis del mito. Fondo de Cultura Económica.
  2. Freud Sigmund: Obras completas, Amorrortu Editores.
  3. Jacques Elliot: La muerte y la crisis de la mitad de la vida.
  4. Alicia Mirta Ciancio de Montero y Guillermo Julio Montero - Para comprender la mediana edad: Historias de vida.
  5. Guillermo Julio Montero - La travesía por la mitad de la vida. Exégesis Psicoanalítica.
  6. Montero Guillermo Julio - La travesía por la mitad de la vida.
  7. Colarusso Calvin Anthony - Desarrollo psíquico: El tiempo y la individuación a lo largo del ciclo vital.
  8. Frankl Viktor - Psicoanálisis y Existencialismo.
  9. Frankl Viktor - El hombre en busca de sentido.
  10. Petriz Graciela – Proceso de envejecimiento: transformaciones en la subjetividad.
  11. Presentado por Pablo Raúl Manjón a la cátedra Seminario de Integración II: Profesores: Dr Jorge Garzarelli y Lic Sandra Cariacedo - Crisis existencial. Aplicación de la psicología cognitiva a la resolución de una problemática.
  12. Erikson Eric – Las etapas del desarrollo mental.
  13. C.E.A. : Educación y Proyecto de Vida.
  14. Parra Nicanor – Obra Gruesa. Ultimo Brindis.